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Estudios y carreras feminizadas

Cuando te pones a pensar a qué quieres dedicarte en un futuro, qué te gustaría estudiar o en qué te gustaría trabajar, seguro que te has dado cuenta de que hay carreras en las que hay más chicas que chicos y viceversa. Todo esto es consecuencia de que ya desde la infancia nos van enfocando los gustos. Por ejemplo, las niñas no reciben una caja de herramientas como regalo, al igual que los niños no obtienen muñecas, o formas de vestir, maneras de andar y moverse. Cuando entramos en el colegio tanto las chicas como los chicos, ya han interiorizado actitudes y conductas diferenciadas. Hay una asociación entre el sexo biológico y el género (las ideas sociales de comportamientos, actividades, etc. que cada sociedad considera apropiados para los hombres y las mujeres). 

En la época de mi abuela (entre los años 60-70), las mujeres no solían ir a la universidad.  A la mayor parte de ellas las sacaban del colegio con tan solo 12 años (muchas de ellas solo aprendían a leer y escribir) para que cuidaran de la casa y de los hermanos pequeños, no les daban la oportunidad de elegir, a diferencia de los chicos, que optaban por seguir estudiando o entrar de aprendiz de un oficio en algún taller o fábrica. El objetivo principal era ser esposa, madre y buena ama de casa. Las pocas mujeres que estudiaban normalmente pertenecían a familias adineradas y cursaban carreras relacionadas con el cuidado de las personas como magisterio, enfermería, secretariado y derecho;  aunque gran parte no ejercían de ello, sino que acababan trabajando de auxiliares, ayudantes o secretarías de abogados.

En la época de mi madre (la década de los 90), la educación que recibían iba enfocada a las ramas más feminizadas, que son las que tienen que ver con el cuidado y atención a otras personas, como por ejemplo enfermería, magisterio, dietética y nutrición, derecho, trabajo social… dado que casi todas las mujeres tenían la opción de estudiar una carrera. Muy pocas chicas elegían cursar estudios que estaban enfocados a las ciencias, como las ingenierías, porque se consideraban carreras masculinizadas que correspondían a estudios relacionados con la  fuerza, mecánica o habilidad mental y especialmente con los números.

En conclusión, podemos decir que la libre elección no es real. Hoy en día, siguen existiendo carreras universitarias en las que apenas hay mujeres porque están influenciadas por los estereotipos de género que nos van transmitiendo desde la infancia,  es decir, por la opinión o prejuicio sobre las características y comportamientos que deberían poseer los  hombres y las mujeres según la sociedad en la que vivimos.

Es curioso: hay más mujeres en las universidades, pero el acceso a los estudios superiores para alumnas y alumnos sigue estando marcado por los estereotipos de género, lo que ayuda a fomentar la desigualdad. El reparto de estudiantes en función de materias y estudios no es equitativo: aún existen carreras feminizadas y carreras masculinizadas.

A pesar de que seguimos avanzando, todavía no es suficiente. Debemos reflexionar acerca de los modelos sociales que tenemos a nuestro alrededor y de los valores y conductas que vamos transmitiendo de generación en generación para conseguir una igualdad y una libertad de elección. Ahora que has terminado de leer esto, independientemente de lo que quieras estudiar o a lo que quieras dedicarte, piensa en si lo haces de manera libre o estás influenciado por la educación que has recibido.

YAIZA SOLDADO

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